Recuerdo que hace varios años, cuando un chofer de colectivo fue asesinado durante su turno laboral, todo el gremio, sumado los conductores de taxis y remises, pararon por varias horas, y acompañaron el cortejo fúnebre y luego continuaron con la medida en reclamo por las modificaciones en el sistema de pago sobre el transporte y la definitiva implementación de la tarjeta magnética, para no tener más dinero sobre las unidades y proteger a los choferes de los robos.
El paro que se hizo en ese momento aceleró la decisión de dejar de pagar el servicio de colectivos sobre las unidades. El reclamo, potente, tuvo el resultado esperado. Aunque los hechos de inseguridad continuaron ocurriendo, pero no con resultados tan lamentables.
Hace unos ochenta días un comerciante fue baleado en ocasión de robo, y su nombre fue la bandera de sus vecinos para reclamar seguridad en el sector. Sin embargo, las marchas que se realizan, ya sea convocadas por la ONG de los Familiares de las Víctimas, ya sea por los mismos vecinos del comerciante, no han sido tan impactantes ni convocantes como la realizada en aquélla oportunidad por los choferes. Como si la muerte de uno difiriera de la del otro. Como si al resto de la ciudad no le afectaran los robos, los asaltos ni las muertes.
Y, finalmente ayer, ése comerciante no pudo luchar más. Su cuerpo dijo basta y se entregó. Pero su fuerza ha quedado en su familia, que ha demostrado durante estos ochenta días, que no van a quedarse con los brazos cruzados. Que no van a perder la fe en la Justicia. Que van a continuar con sus reclamos.
Pero la vida hoy, continuo igual. Los vecinos de Dardo Molina cerraron sus puertas para acompañar sus restos y a su familia en un momento tan duro. Pero el resto de la ciudad continuó con su ritmo habitual. Con sus compras, sus ventas. Ningun otro comerciante cerró sus puertas en señal, ya que no de duelo, de reclamo. Porque a estas alturas sólo algo que impacte fuertemente a la sociedad llegará a tocar a los responsables de que las condenas se cumplan como corresponde. Sólo la presencia de toda la ciudadanía hará saber a quienes nos gobiernan que la inseguridad no es una sensación, menos para aquéllos que han perdido un ser querido.
Para que llegue a quienes corresponde el grito callado de la sociedad toda, debe transformarse en algo que impacte. Quedarse detrás del mostrador, detrás del volante, continuar con la rutina cotidiana como si nada hubiese sucedido, no sirve para reclamar. Perder un día de trabajo es menos grave que perder la vida a causa de un asalto. ¿Por qué esperar a que uno de nuestra familia ya no esté para comenzar a participar? ¿Por qué no solidarizarse con quienes ya han perdido a un ser querido, pero no la esperanza de conseguir Justicia? ¿La Justicia que ellos reclaman es otra o diferente a la que nos sirve a nosotros, los que aún podemos participar?
"Quien hace siempre lo mismo, jamás consigue resultados diferentes". Es decir, si no participamos, si no logramos impactar a los que toman decisiones, si continuamos con nuestra vida cotidiana como si nada hubiese sucedido o como si no nos afectasen las muertes por robos, no podemos pretender que las cosas cambien. No podemos esperar que los legisladores, oficialistas u opositores, cambien alguna ley para sentirnos más protegidos.
Porque la vida no sigue igual para nadie. Porque en los asaltos sin víctimas fatales también quedan secuelas. La cabeza y el cuerpo no responden como deberían responder. El pánico dura demasiado tiempo. Y en los que se producen hechos lamentables como el que se llevó a Dardo Molina, el dolor por la ausencia, por la impotencia, por la falta de justicia, por la falta de celeridad de la justicia, modifica toda la vida de sus familiares. Y la de sus vecinos. Y, aunque no nos demos cuenta, la nuestra también. Porque no sabemos cuándo nos va a tocar a nosotros.
La mirada de una mujer que expresa su pensamiento y las observaciones que hace a diario sobre diferentes acontecimientos que presenta la realidad. Me pueden encontrar en Twitter como @miradacomun y en Facebook como Una mirada comun, enviando solicitud de amistad, o haciéndose fan de la página.
viernes, 17 de diciembre de 2010
domingo, 12 de diciembre de 2010
Sillas vacías
Esta navidad habrá 207 sillas vacías. Y 207 copas no se alzarán a la hora del brindis. Se sumaran a 231 sillas que quedaron vacías en 2009, y a otras 207 del 2008. Son voces que no cantarán junto a sus seres queridos. Son casi 550 besos que nadie recibirá. Son 1100 manos que no se unirán a otras para dar abrazos.
Estos datos los encontré en La casa del Encuentro, que es un portal que trata, entre otros temas, el femicidio. Y las casi quinientas personas que este año no estaran sentadas a la mesa navideña, son las mujeres asesinadas, victimas de femicidio. En algunos casos, el femicido es tratado como un "crimen pasional". Y parecería que esas dos palabras justificarían todo. Como que una relación afectiva le permitiría a un hombre ser el propietario del cuerpo, la mente, el alma y la vida de una mujer.
Y estos son los casos que salen a la luz. Es que a los medios no llegan todos los casos. O, cuando llegan, muchas veces son disfrazados por los victimarios como "accidentes", para mantener su impunidad. Y por más denuncias que se hagan, las muertes igual se producen. Porque las ordenes de exclusión no se cumplen y las prohibiciones de aproximación no se respetan. Y pocos son los casos en los que la policía custodia a las denunciantes. Tal vez uno o dos días, hasta que otro delito aleja al móvil policial y deja via libre para que los crímenes ocurran.
Debería implementarse más educación hacia las mujeres, para que conozcan sus derechos. Para que nadie les quite su identidad de personas con vida propia, con poder de decisión. Para que nadie les robe un sólo abrazo a sus hijos, a sus padres. Para que este año no termine con más sillas vacias.
Estos datos los encontré en La casa del Encuentro, que es un portal que trata, entre otros temas, el femicidio. Y las casi quinientas personas que este año no estaran sentadas a la mesa navideña, son las mujeres asesinadas, victimas de femicidio. En algunos casos, el femicido es tratado como un "crimen pasional". Y parecería que esas dos palabras justificarían todo. Como que una relación afectiva le permitiría a un hombre ser el propietario del cuerpo, la mente, el alma y la vida de una mujer.
Y estos son los casos que salen a la luz. Es que a los medios no llegan todos los casos. O, cuando llegan, muchas veces son disfrazados por los victimarios como "accidentes", para mantener su impunidad. Y por más denuncias que se hagan, las muertes igual se producen. Porque las ordenes de exclusión no se cumplen y las prohibiciones de aproximación no se respetan. Y pocos son los casos en los que la policía custodia a las denunciantes. Tal vez uno o dos días, hasta que otro delito aleja al móvil policial y deja via libre para que los crímenes ocurran.
Debería implementarse más educación hacia las mujeres, para que conozcan sus derechos. Para que nadie les quite su identidad de personas con vida propia, con poder de decisión. Para que nadie les robe un sólo abrazo a sus hijos, a sus padres. Para que este año no termine con más sillas vacias.
viernes, 3 de diciembre de 2010
La ciudad detrás de las vallas
La Cumbre Iberoamericana que se realiza en Mar del Plata nos muestra un impresionante operativo de seguridad. Todas las fuerzas estan presentes desde el aire, el mar y la tierra. Helicópteros, botes, perros, y las ya conocidas vallas. Las mismas que crearon un enorme perímetro hace unos años atras, que mantuvo a los grupos que protestaron lejos de los presidentes, pero que no impidieron que el último día destrozaran muchos comercios cuyos propietarios no tenian nada que ver con lo que estaba pasando entre los mandatarios reunidos.
Impresionante operativo de seguridad que, ante los ojos del mundo, va a mostrar una ciudad irreal. Una ciudad que, detrás de las vallas, presenta una realidad muy diferente. Impresionante operativo de seguridad que debería comenzar a plantearse desde otro aspecto, para los habitantes de la ciudad, que trabajan todo el año y son los que realmente sostienen los gastos que todo este operativo requiere.
Trabajo como vendedora para una distribuidora desde hace varios años. Y siempre me moví en barrios periféricos, sin preocuparme mucho. Pero, desde hace unos meses, me tocó vivir varios hechos de inseguridad. En uno de ellos, un tirotero a las 9:30 de la mañana, el patrullero demoró más de treinta minutos en llegar. Los otros, fueron dos asaltos, con quince días de diferencia y tres cuadras de distancia, a las 12:30 del mediodia, en plena avenida.
La sensación que queda despues de un hecho delictivo es horrible. Cuesta muchísimo volver al lugar en donde se pasó el mal momento. Ver personas con las características de los ladrones hace que se te suba un nudo a la garganta y te provoca un dolor impresionante en el cuerpo. Lamentablemente, el miedo va ganando la partida. Y la impunidad tambien.
G. una de mis clientas, fue asaltada hace una semana. Y tambien hace casi un mes. Y no sólo les roban dinero, tambien cigarrillos, tarjetas de teléfono y efectos personales. Además de la tranquilidad. M., que tenía un pequeño autoservicio, decidió cerrar y trasladarse a otra zona que le ofrezca más tranqulidad luego de que lo asaltaran varias veces (en una de esas oportunidades, yo estaba dentro del negocio, y fui testigo del mal momento vivido). S. tiene un polirrubo con cobro de impuestos, este servicio no le deja mucha ganancia, pero lo utiliza para atraer clientes. Tiene portero, reja con portero, instaló rejas dentro del negocio sobre los mostradores. Al no ser suficiente, colocó sobre esa reja tres vueltas de alambre de púas. Igualmente, los ladrones se las ingeniaron para robarle. La peor parte es que el seguro le cubre apenas una parte del dinero robado y ella debe hacerse cargo de la diferencia ante la empresa de cobros de servicios.
V. tiene un comercio de productos de granja, hace una semana fue la nueva víctima, ya que venía salvandose de los asaltos. Una floreria tambien fue asaltada, uno de los empleados terminó con un culatazo en la cabeza. Una tienda de ropa femenina sumó a las firmas. Y L. un ciber en donde viví hace un mes un asalto, volvio a ser robado esta semana. Tiene los videos de todos los asaltos. No sirven de nada. Y el seguro que paga, duda si es verdad que tenía la suma infima de dinero que le quitaron. Ya casi no denuncia los robos, porque se cansó de todo el tramiterío que debe realizar, y nunca encuentran a los ladrones.
Pero existe una novedad. Los ladrones trabajan para otro. En la zona se vio una camioneta nueva, conducida por un hombre canoso, a la que suben los malhechores cuando salen de los negocios que asaltan. Se esconden en la caja, en la parte de atrás, y cuando llega la policía, por supuesto que no los encuentra. También se esconden y escapan en un coche gris. Salen de la zona, y cuando los representantes de la ley se van, vuelven. Los que roban, son los mismos chicos. Algunos han visto las filmaciones de L. y los han reconocido. Pero, como son menores, entran y salen, mientras los adultos los trasladan y proveen de armas. Un negocio redondo.
Todo esto sucede en la zona que abarca desde Vertiz hasta Mario Bravo y desde Galicia hasta Ratery. Y no me cabe duda de que ocurre en otros lugares de Mar del Plata. La verdadera ciudad que se oculta detras del vallado que protege a los presidentes. Y está bien que los protejan, pero estaría mejor que todos nos sintieramos cuidados y protegidos, seguros de que nuestros esfuerzos cotidianos no se los van a llevar unos chicos, que trabajan para otros exponiendo sus vidas y haciéndose desde tan jóvenes un prontuario. Todas las autoridades deberían actuar de alguna forma para comenzar a ponerle un freno a esta impunidad en la que vivimos todos los habitantes de la ciudad. Para que la próxima vez que se realice un encuentro tan importante, no existan tantas diferencias entre un sector de la ciudad y el otro.
Impresionante operativo de seguridad que, ante los ojos del mundo, va a mostrar una ciudad irreal. Una ciudad que, detrás de las vallas, presenta una realidad muy diferente. Impresionante operativo de seguridad que debería comenzar a plantearse desde otro aspecto, para los habitantes de la ciudad, que trabajan todo el año y son los que realmente sostienen los gastos que todo este operativo requiere.
Trabajo como vendedora para una distribuidora desde hace varios años. Y siempre me moví en barrios periféricos, sin preocuparme mucho. Pero, desde hace unos meses, me tocó vivir varios hechos de inseguridad. En uno de ellos, un tirotero a las 9:30 de la mañana, el patrullero demoró más de treinta minutos en llegar. Los otros, fueron dos asaltos, con quince días de diferencia y tres cuadras de distancia, a las 12:30 del mediodia, en plena avenida.
La sensación que queda despues de un hecho delictivo es horrible. Cuesta muchísimo volver al lugar en donde se pasó el mal momento. Ver personas con las características de los ladrones hace que se te suba un nudo a la garganta y te provoca un dolor impresionante en el cuerpo. Lamentablemente, el miedo va ganando la partida. Y la impunidad tambien.
G. una de mis clientas, fue asaltada hace una semana. Y tambien hace casi un mes. Y no sólo les roban dinero, tambien cigarrillos, tarjetas de teléfono y efectos personales. Además de la tranquilidad. M., que tenía un pequeño autoservicio, decidió cerrar y trasladarse a otra zona que le ofrezca más tranqulidad luego de que lo asaltaran varias veces (en una de esas oportunidades, yo estaba dentro del negocio, y fui testigo del mal momento vivido). S. tiene un polirrubo con cobro de impuestos, este servicio no le deja mucha ganancia, pero lo utiliza para atraer clientes. Tiene portero, reja con portero, instaló rejas dentro del negocio sobre los mostradores. Al no ser suficiente, colocó sobre esa reja tres vueltas de alambre de púas. Igualmente, los ladrones se las ingeniaron para robarle. La peor parte es que el seguro le cubre apenas una parte del dinero robado y ella debe hacerse cargo de la diferencia ante la empresa de cobros de servicios.
V. tiene un comercio de productos de granja, hace una semana fue la nueva víctima, ya que venía salvandose de los asaltos. Una floreria tambien fue asaltada, uno de los empleados terminó con un culatazo en la cabeza. Una tienda de ropa femenina sumó a las firmas. Y L. un ciber en donde viví hace un mes un asalto, volvio a ser robado esta semana. Tiene los videos de todos los asaltos. No sirven de nada. Y el seguro que paga, duda si es verdad que tenía la suma infima de dinero que le quitaron. Ya casi no denuncia los robos, porque se cansó de todo el tramiterío que debe realizar, y nunca encuentran a los ladrones.
Pero existe una novedad. Los ladrones trabajan para otro. En la zona se vio una camioneta nueva, conducida por un hombre canoso, a la que suben los malhechores cuando salen de los negocios que asaltan. Se esconden en la caja, en la parte de atrás, y cuando llega la policía, por supuesto que no los encuentra. También se esconden y escapan en un coche gris. Salen de la zona, y cuando los representantes de la ley se van, vuelven. Los que roban, son los mismos chicos. Algunos han visto las filmaciones de L. y los han reconocido. Pero, como son menores, entran y salen, mientras los adultos los trasladan y proveen de armas. Un negocio redondo.
Todo esto sucede en la zona que abarca desde Vertiz hasta Mario Bravo y desde Galicia hasta Ratery. Y no me cabe duda de que ocurre en otros lugares de Mar del Plata. La verdadera ciudad que se oculta detras del vallado que protege a los presidentes. Y está bien que los protejan, pero estaría mejor que todos nos sintieramos cuidados y protegidos, seguros de que nuestros esfuerzos cotidianos no se los van a llevar unos chicos, que trabajan para otros exponiendo sus vidas y haciéndose desde tan jóvenes un prontuario. Todas las autoridades deberían actuar de alguna forma para comenzar a ponerle un freno a esta impunidad en la que vivimos todos los habitantes de la ciudad. Para que la próxima vez que se realice un encuentro tan importante, no existan tantas diferencias entre un sector de la ciudad y el otro.
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