sábado, 19 de febrero de 2011

Un mundo mejor

         Una cree vivir en un siglo de avances. La ciencia ha logrado metas que hace apenas cien años parecían sólo historias de ficción. Los avances de la medicina plantean soluciones a enfermedades que hasta hace un tiempo no la tenían.


           Sin embargo, hay cosas que no cambian. Por ejemplo, la asamblea del año 1813 planteaba el fin de la esclavitud. Abolía definitavamente una práctica aberrante, en la que por el color de piel o la posición social, se consideraba a una persona "propiedad " de otra, sin derecho a elegir su destino.

       Ciento noventa y ocho años más tarde, la esclavitud está tan vigente como en la época colonial. Con otras formas, de otra manera, pero con la misma impiedad y la misma falta de humanidad que antes.

        Mujeres, muchas de ellas menores, secuestradas y prostituidas, son retenidas contra su voluntad para que un grupo de personas cobren por los "servicios" que ellas prestan. Hombres y niños son "contratados" por empresas tercerizadas para que trabajen en el campo de multinacionales a cambio de nada, en lugares indignos y en condiciones totalmente antihigiénicas. Personas, viven hacinadas en cuchitriles, debiendo trabajar más de las ocho horas legales, en talleres de costuras donde las medidas de seguridad brillan por su ausencia.

       Y después, pagamos un dineral por un pantalón de marca, porque es la última moda. O nos imponen en las verduras y los cereales precios dolarizados, justificándose con que el clima no fue propicio para las cosechas, y más de una vez escamoteando la producción, porque conviene exportarlos a venderlos en el mercado interno. O conviertiéndose en cómplice de un secuestrador o de corruptores de menores, pagando por servicios sexuales.

          Seguimos teniendo, como sociedad, la mente de la época colonial. Seguimos juzgando al otro por su sexo, su piel, su origen. Seguimos mirando por encima del hombro al que tiene menos, al que por no tener posibilidades no llegó a terminar sus estudios.

         Colaboramos en alguna que otra colecta. Y se nos pianta el lagrimón al mirar el noticiero cuando muestran las condiciones paupérrimas en las que vive mucha gente en el interior del país.Movemos la cabeza en señal de reproche, y con un botón del control remoto, pasamos a la exhibición de mujeres en poca ropa que nos ofrece el show de moda, y nos hace olvidar de todo lo demas.

           El mundo de los sueños que tanto nos venden aún no existe. La modernidad es un cuento de hadas que sólo se hará realidad el día que nadie sea menos que otros y que los verdaderos derechos humanos comiencen a respetarse. El día que la esclavitud sea sólo una palabra en un diccionario, que explique a las generaciones de estudiantes que hubo una vez un animal llamado "hombre" que se creía un ser superior con derecho a decidir sobre la vida de otros seres humanos a los que consideraba de su propiedad, será el día en que vivamos en un mundo mejor.



sábado, 12 de febrero de 2011

Paro de usuarios

         Muchas veces los usuarios soportamos estoicamente las decisiones de distintas empresas y, calladitos la boca, pagamos. Los empleados de tal o cual empresa de servicios determinan hacer un paro, y nos vemos en la obligación de callarnos la boca y esperar a que resuelvan sus conflictos antes que los nuestros. Hace poco tiempo, la empresa proveedora de gas estuvo paralizada varios días, con la consecuente demora en la prestación de servicios. Entre ellos, la entrega de las boletas a pagar. Y, cuando los usuarios acudían a las oficinas, se encontraban con que debían llamar primero por telefono a un número que NO es gratuito, para averiguar si atendían o no al público.


           Convengamos que toda demora en el pago de los impuestos y servicios acarrea un costo adicional. El usuarios abona sus impuestos vencidos, es decir, con intereses. En muchos casos, los usuarios tenemos poco tiempo por nuestras obligaciones y, si no nos llega la factura, no nos acordamos de cuándo vencen los servicios. Y este problema se extiende a todas las demas empresas proveedoras de luz, gas, internet.... Ellos proveen de un pésimo servicio, pero pague primero y quéjese despues.

           Ahora, como siempre, se resuelve que a partir del domingo el costo del boleto de colectivos será de $ 2,10. Suena una cifra irrisoria, un alfajor sale más caro. Pero cualquier usuario del transporte público utiliza más de un boleto por día. Y los habitantes de zonas periféricas como Batán, Sierra de los Padres y otras, abonan mucho más caro el servicio. Un servicio que muchas veces es deficiente. Porque no se cumplen los horarios, porque los usuarios no viajan como personas sino como ganado, porque durante los horarios pico, al ir tan cargados, pasan de largo... con la consiguiente pérdida económica para, justamente, el usuario, que llega tarde a sus compromisos laborales. Porque ninguna empresa se hace cargo de los descuentos que sufrimos los trabajadores cuando los micros pasan de largo.

           Se aprueba un aumento del boleto de una forma polémica. ¿Tendrán razón? Insisto en que si el negocio no fuera rentable, como alguna vez escuché decir a los empresarios del transporte, hace tiempo que se dedicarían a otra cosa. Por alguna razón los apellidos que leemos en los diarios, o escuchamos en los noticieron son siempre los mismos. En lo personal, tuve un familiar vinculado al transporte público y he escuchado a varios de esos mismos apellidos desde mi infancia. Evidencia de que tan mal negocio no ha de ser.

           Cuando los choferes quieren aumento en sus haberes, pagamos los usuarios, no sólo porque obviamente aumenta el boleto, sino porque además, sufrimos los paros sorpresivos, que dejan a pie a muchísimas personas que salen de sus trabajos durante horario nocturno, y muchas veces no se cuenta con el dinero suficiente para pagar un taxi. Cuando los empresarios quieren aumento, de una forma o de otra, se les otorga, tal vez no lo que ellos piden, pero siempre se los escucha y, más tarde o más temprano, el costo del boleto sube.

        Si tal vez los usuarios nos pusiesemos de acuerdo, y no utilizaramos el servicio por uno o dos días, tal vez, y sólo tal vez, alguien comience a tenernos en cuenta. Tal vez, y solo tal vez, los que abonamos por todos los servicios empecemos a ser considerados "clientes" y no simplemente la gallina de los huevos de oro a la que siempre se sacrifica, ignorando si puede o no abonar ese "servicio", que dista mucho de serlo.

domingo, 6 de febrero de 2011

Juegos de niños

            Hace algunos años los niños jugaban con lo que tuvieran cerca. La bici se transformaba en Tornado, el caballo del Zorro y una soga se convertía en el lazo mágico de la Mujer maravilla. Cualquier cosa que rodara se volvía pelota y una rama del laurel más un resto de elástico prestado por mamá era un arco maravilloso para jugar a los indios.


         Eramos chicos que no entendíamos de cosas de adultos. A las diez de la noche se apagaba el televisor o nos enviaban a la cama sin chistar. Las decisiones eran tomadas por los adultos y nosotros no metíamos "la cuchara".

         Casi no conociamos la palabra transgresión y recuerdo el alboroto que hubo el día que descubrimos que un compañerito de primaria fumaba a escondidas en el baño. Las nenas éramos eso, nenas, a ninguna, por aquélla época, se le bubiera ocurrido no comer para ser modelo. Y ningún varon hubiera pedido nada más caro que una pelota de fútbol.

           En esos lejanos días éramos conscientes de que nuestros papás no podían comprar muchas cosas superfluas. Antes que el capricho por la última moda en tecnología, ropa o lo que fuere, estaban las obligaciones, las deudas. La casa y la educación de los chicos era primordial para nuestros mayores. Y si alguno comentaba que fulanita tenia algo... la respuesta era "nosotros no somos los padres de fulanita y no podemos gastar plata en eso".

         Viejos tiempos de esfuerzos y sacrificios para sacar a la familia adelante. Hoy en día parece que todo fuera absolutamente al revés. Aparentar que se tiene es más importante que tener. El celular de ultima moda, las mejores zapatillas, la ropa de marca. Las vacaciones que, en otros tiempos no se hacían, hoy se concretan sin importar mucho qué va a pasar mañana. Vivimos asi, hoy, ahora. Mañana está muy lejano y parecería que no fuera a llegar nunca.

         Hoy los niños juegan a ser adultos. Conducen vehículos motorizados, salen por la noche, beben alcohol. Reclaman la computadora de última generación y se la rebuscan para entrar al boliche en donde están todos sus conocidos. Y desde la más tierna infancia ya deciden qué quieren hacer, a donde quieren ir o con quien quieren estar.

Trasladado a otros niveles sociales, son niños que permanecen jugando a altas horas de la noche en plena calle. Asaltan comercios, invaden viviendas, circulan armados. Matan personas. Destrozan vidas como si fuera un juego de computadora en donde si presionan un botón, todo vuelve a comenzar. Pero no todo vuelve a comenzar igual.

           La excesiva ostentación que se hace de todo lo que se adquiere genera el deseo de tenerlo. Y al no poseer dinero, se obtiene de la forma que sea. Porque esos chicos también quieren mostrar algo y no pueden. Pero a ellos nadie les explica que mediante el estudio, el trabajo y el esfuerzo se consiguen los bienes materiales tan anhelados. No comprenden que la ropa, los celulares o el coche se consiguen mediante un sacrificio muy grande y a nadie le llueven esos objetos por obra y gracia de ningun dios.

              Tal vez la época en que yo viví no era del todo buena. Pero me enseñaron a ganarme lo que queria tener. Con buenas notas, con buen comportamiento. Siendo respetuosa de mis mayores y de mis iguales. Trabajando y evalluando qué puedo adquirir y qué tiene que esperar. Poniendo por delante lo importante, lo vital antes que lo superfluo y dejando ésto para cuando me sobre.

            Dicen que todo tiempo pasado fue mejor. No creo mucho en esta máxima... Pero algunas cosas estaban buenas.