miércoles, 20 de abril de 2011

Carta abierta a un padre ausente

           Dudé mucho antes de escribir esta carta. Dudé porque me generás sentimientos encontrados. Dudé, porque tal vez no existan las respuestas a las preguntas que durante años no sabía a quién hacérselas. Dudé, porque tal vez no quería tener una contestación.


           Muchos somos hijos de padres ausentes. Padres que un buen día, se van. Y uno se queda sin saber muy bien para donde ir. Te rodea la bronca, la impotencia. Tu mamá tiene que salir a buscar el dinero para mantenerte, con sus propios miedos, con las mismas dudas que tenés. Con las mismas preguntas sin respuestas.

          Algunos nos aferramos a ese amor incondicional de una madre con miedo. Porque nuestro mundo se desequilibró de repente y no comprendemos qué pasó. En la escuela, al menos a la que yo fui, hacían tanto hincapie en el modelo de famila perfecto, que te sentías fuera de lugar. Debe haber sido la misma sensación que tuvieron Adán y Eva cuando Dios los hechó del paraíso. Uno se queda mirando, con la ñata apoyada en un vidrio imaginario, a las otras familias felices, a esos otros nenes con su papá y su mamá, como si la vida les sonriera sólo a ellos y uno estuviera bajo una lluvia fria, que te cala hasta los huesos y te hace palpable tu propia infelicidad.

            En el fondo, sabíamos que las cosas no estaban bien. Uno participaba de escenas que no son fáciles de olvidar y de discuciones que jamás hubiéramos querido oir. Pero la vida te enfrenta a eso y no lo podés evitar. En otros casos, la ausencia viene de lejos, viene desde la misma negación de ese ser nuevo, que viene con la esperanza de un mundo mejor. Y en algún momento las preguntas también surgen, con la misma ausencia de respuestas.

             La familia trata de responderte, pero son las palabras llenas de reproche, de rabia, de dolor. Y esa subjetividad te desvía de tu pregunta, de tu busqueda. Porque nadie puede responder por los sentimientos del otro. Nadie puede llenar la ausencia de palabras. Nadie puede obligar al amor que un padre debería sentir por un hijo.

             Y en algunos casos, la vida te quita la posibilidad de encontrar esas respuestas. Porque un llamado telefónico te avisa que esa persona, la que también te trajo al mundo, pero te ignoró, no está más. Y tus preguntas se quedaron flotando en el aire. Y sólo te resta pasarles un baño de piedad, de perdón, de lástima. Porqué comprendés que tal vez esa pesona tampoco fue feliz. Porque comprendés que esa persona, a la que el tiempo cubrio con su manto, murió en su ley.

           Tal vez esta nota no la lean quienes deberían, para comprender lo que siente un hijo que es olvidado por su padre. Y tal vez sólo se emocionen aquellos hombres que jamás dejarían abandonados a sus hijos a su suerte. Pero quizá, algún día, estas palabras toquen el alma y el corazón de una sola de esas personas y la haga recapacitar. Y quizás, tal vez, todavía esté a tiempo de recomponer esa relación que jamás debería haberse cortado

jueves, 7 de abril de 2011

¡No soy una Barbie!

            Por más que lo intentemos siempre hay algo que nos lleva a hablar del mismo tema. El modelo impuesto por la sociedad sobre los cánones de belleza femenina giran en torno al mismo ejemplo o modelo: la muñeca Barbie, supuesto "modelo de perfección femenina".


              Viajando en el colectivo miro por la vidriera y un cartel me llama la atención: hay una cabeza de muñeca Barbie que ocupa casi toda la hoja. No distingo bien qué dice ni sobre qué trata. Y comienzo a ver en otras veredas los carteles para entener el por qué de la muñeca. Luego de varias cuadras, me entero. Una casa que provee productos de belleza y artículos para peluquerías y otros rubros similares, anuncia el inicio de sus cursos con una frase parecida a "por tu primer clienta" (sic).

             Definitivamente si algo me molestó fue la muñeca. ¿Por qué? Tal vez suene banal, pero en épocas en que se debate sobre la ley de talles, en los que se habla sobre desordenes alimenticios, en los que revistas europeas comienzan a contratar mujeres reales para sus revistas, la mente perversa de un diseñador publicitario insiste en imponernos a la muñeca como "modelo de belleza femenina". ¿Por qué no ilustrar la publicidad con la imagen de un peluquero ejerciendo su profesión? ¿ O con la imagen de cualquier mujer, modelo real, no de fantasía?

             Día a día nos enteramos de personas que luchan contra la discriminación que sufren por diferentes problemas de salud, entre ellos, la obesidad.¿ Por qué continuar incorporando un estereotipo de mujer extremadamente delgado? Más allá de que en la publicidad sólo se visualiza la cabeza, todos incorporamos inmediatamente el resto del cuerpo a la imagen mental, para completar el "prototipo" de mujer.

            No soy una Barbie, me considero una mujer normal a la que le gustaría ir a cualquier tienda y conseguir la ropa que le gusta, sin que nadie me mire y me diga: "no tengo tu talle". Soy una mujer normal a la que le gustaría que, cada vez que ve un programa de televisión, no denigren nuestra imagen mostrando trastes y lolas (reconozco que las que se prestan para ello también son, en parte, responsables). Soy una mujer normal a la que le gustaría que me convenzan de comprar algo, ir a un curso o adquirir cualquier cosa, con la imagen de otra mujer normal.



lunes, 4 de abril de 2011

Un amargo sabor a frutillas

           Nos pintan la realidad con una vorágine modernista y modernosa. Todos los días se crea una novedad tecnológica, se descubren partículas cada vez más minúsculas y la ciencia nos acerca imágenes de mundos cada vez más lejanos, con la futura esperanza de, algún día, poder visitarlos.


             Sin embargo, la evolución no es tal. Existen lugares en donde se vive como hace más de doscientos años. Existen personas que creen que los demás son "seres de segunda". Por televisión, radio,diarios...nos enteramos de que hay personas que aún no se enteraron de que existió una asamblea en 1813 que abolió la esclavitud. Es más, estas personas no deben haber leído la Constitución Nacional.

            Gracias a entidades que investigan, y se arriesgan a una gran exposición, todos los días estamos descubriendo un mundo en donde a las personas se las trata como a esclavos. Convengamos, tampoco se descubre la pólvora. Porque la existencia de esta oscura realidad era un secreto a voces.

            El trabajo rural siempre utilizó la mano de obra barata. Y, abusándose de la precariedad de documentación o de estudios de muchas personas, cometen uno de los peores delitos. Retienen papeles, los limitan al predio de trabajo, les cobran hasta el aire que respiran, y los exponen a la manipulación de químicos tóxicos, prohíbidos en muichos países del mundo por su peligrosidad. Para citar un ejemplo, Ezequiel, un chiquito que sufrió el trabajo esclavo y fue denunciado por la ONG La Alameda, quien fue filmado transportando agroquímicos y luego de dos años falleció a causa del envenenamiento.

        Lo malo es que todavía falta mucho para hacer. Que todavía existen muchos campos, muchas fincas, muchos talleres textiles, muchos bares, en donde hay personas que son obligadas a ser esclavizadas. Lo malo es que aún hay niños expuestos a los abusos de otros que les importa poco su vida y su futuro, sólo la avaricia de ganar dinero. Lo malo es que se esperó demasiado tiempo para comenzar a poner las cosas en su lugar.

           Lo bueno es que se está haciendo algo. Que por alguna razón comenzaron a hacerse controles. Que ALGUIEN (si, con mayúsculas) hizo una denuncia, se expuso, filmó, y se comenzó un proceso que terminó con el allanamiento de las fincas. Lo bueno es que se están dando los primeros pasos para ser un país más grande. Lo bueno es que existan más personas y entidades como La Alameda, que defienden los derchos de todos.



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viernes, 1 de abril de 2011

Carta de una mujer a un soldado que no regresó de Malvinas

                             (Nota: este texto fue escrito hace muchos años)


           Hoy, 2 de abril, te llevo flores a un lugar en donde no estás; como otros 2 de abril desde hace 31 años; a una tumba que no es tu tumba, porque nadie supo decirme dónde estabas, ni qué te pasó, ni cómo. Ahora, simplemente, no estás.

            ¿Te acordás de las ilusiones que tenías? ¿De los sueños, de los estudios que harías, de la vida que proyectabas? Eras un muchachito lleno de coraje, dispuesto a todo, porque otros decían que lo tenías que hacer. Tenías apenitas 18 años, todavía eras un chico y querías jugar a ser hombre.

            Habías jurado volver y traer con vos la gloria, la victoria de ganar una guerra. Tus compañeros, cuando llegaron, no trajeron esa gloria, y tampoco te trajeron a vos. Tus viejos se volvieron locos al enterarse de que nunca ibas a regresar. Nadie les dijo cuál fue tu destino. ¡Te buscaron tanto! Y hoy esperan la muerte, mirando tus fotos y hablando con tu sombra.

            A tus compañeros aún hoy los miran mal...Porque no consiguieron lo que buscaban. Porque eran niños y un buen día les pusieron una ametralladora en las manos y los enfrentaron a un ejército extranjero profesional, que cumplía órdenes, igual que vos.

          ¿Dónde estás? ¡Te extraño tanto! Nuestros sueños se destejieron de repente, sin avisar. Tu vida se fue de la mía, como el agua que se va de entre las manos. Detrás tuyo dejaste novias, esposas, padres, hermanos, hijos, amigos...gente que te quería y te necesitaba, victorioso o vencido.

             Nunca más vas a volver, y aunque estés siempre en el recuerdo de todos nosotros, no me resigno a decirte adios. Por eso quiero recordarte cada 2 de abril, y decirte "hasta pronto"...

             Hasta pronto padre, hermano, novio, esposo, hijo, amigo!!!... Hasta pronto soldado, que un día te fuiste a Malvinas para nunca más volver!!!!