sábado, 2 de junio de 2018

"Macritips". Burlas y verdades.



Esta semana todos hemos leído las irónicas propuestas en modo de burla al presidente Mauricio Macri sobre ser más ahorrativos. Lo que generó en las redes la etiqueta o hashtag  "Macritips", con recomendaciones, algunas insólitas, otras disparatadas y otras no muy alejadas de la realidad.

Quienes protestan por los valores de los servicios, evidentemente no tienen en cuenta que a las empresas se las subsidió durante años para que mantuvieran el costo final en los domicilios. Vale decir: el gobierno le pagaba a la compañía del servicio la diferencia entre lo que llegaba en la boleta y lo que debería haber llegado. Haciendo la vista gorda ante la falta de inversiones para mejorar el servicio, la ausencia de búsqueda de recursos (gasíferos), culpando a los usuarios por el uso excesivo de aire acondicionado ante los cortes y, muy probablemente, permitiendo que el valor pagado directamente a la empresa pudiera estar inflado para abultlar el bolsillo de algún funcionario corrupto, que nunca falta en nuestro país.

Por lógica, si el precio del dólar ha aumentado entre 2003 y 2015 de $2.5 a  $15, los productos deben sufrir alguna modificación en sus costos finales, debido a que materiales, herramientas e inversiones cotizan en esa moneda extranjera. Con algunos reclamos ante defensores del pueblo algunas ciudades (como Mar del Plata)  obtuvimos frenos a las subas durante los últimos cuatro o cinco años del gobierno anterior, por lo cual las tarifas estaban atrasadas. Nos duela el bolsillo o no, esa es la realidad.

Leyendo algunos comentarios y publicaciones, recuerdo pequeñas reglas caseras, aun vigentes en algunos casos, sobre ahorro. Un ejemplo es apagar luces y artefactos en habitaciones en donde uno no esté. ¿Por qué suena a "amarretismo " pedir que se apague todo? ¿No sería lógico tener la costumbre de cuidar, no sólo por lo económico, sino el recurso en si mismo, que no proviene fe una fuente renovable?

En casa, desde pequeña, mi madre cuidaba que ninguna canilla perdiera agua, sea porque alguien no la cerraba bien o porque goteaba ante el desgaste del "cuerito" o algún otro elemento. ¡Y eso que no teníamos agua corriente! Pero la bomba con la que se extraía del pozo era eléctrica, consumía muchísima energía y nos venían terribles boletas si el motor era utilizado en exceso. De modo que cuidae una cosa llevaba a cuidar a la otra.

Cambiar el bombeador a motor por una bomba hidroelevadora, con un sistema que cortaba sólo el cargado de agua al tanque al llegar a un tope, hizo que la media hora de gasto se convirtieran en cuatro minutos, bajando considerablemente la factura final de la luz. Si bien la inversión en su momento fue alta, a largo plazo amortizó el gasto que veníamos pagando.

En aquellos tiempo no teníamos gas natural. La garrafa se usaba sólo para la cocina, y la ducha era con un termo eléctrico (previo a eso fue un aparato al que había que colocarle un alcohol azulado). La casa poseía chimenea, así que cada vez que se caía un árbol en la zona, ahí estábamos con la carretilla y un hacha, juntando leños y ramas o,  eso sí era caro, comprando a un proveedor. Imaginen que una tonelada de madera a veces no duraba diez días, dependiendo de la calidad de la madera.

En esa época, y mas de uno de mi edad reconocerála frase, era cotidiana escuchar "no me llueve la plata", "no se puede" o enumerar las prioridades existentes antes de comprar una zapatilla de marca, ir a un recital o acudir semanalmente a un bar a "darse el gusto" o sacarse el estrés.

Nos quejamos de los servicios, pero debemos considerar qué estamos gastando: hasta hace diez años no teníamos un celular por cada miembro de la familia, no habían tantas conexiones a Internet, muchos aparatos no eran eléctricos (pavas, cafeteras, microondas, planchitas, y siguen las firmas). La tecnología y el bienestar o la comodidad son muy buenos, pero debemos ser conscientes de las consecuencias, ya sean económicas como del recurso mismo, por el uso descontrolado que hacemos de esos aparatos.

Si ahorrar hace reír a quienes se piensan que sólo existe el despilfarro que vemos en películas o series, en donde todo se usa y se tira, recordemos que no todos tienen la maravillosa posibilidad de vivir en un mundo en donde se ignora que la mayor parte de esos productos ponen en riesgo al mismo planeta.

Ahorrar no es sólo el viejo tacaño del dibujito animado que luego nadaba en su fortuna.  También es cuidar el recurso ecológico y hacernos responsables de él.  La Tierra no nos va a regalar eternamente sus dones.

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